¡Música por favor!

Qué decir de la música. O mejor qué no decir. Compañera infatigable del camino. Presente en casi todos los momentos de la vida. Ya sólo pronunciar su nombre es música para mis oídos. Música de todos los colores, de todos los tipos. Presente en todas las culturas, música para todos los gustos, incluso el ruido. Música que es arte, fast music (como llamo a la comercial; de consumo rápido, y recambio en semanas), clásica, funky, jazz, tango… la expresión del alma en un idioma universal que expresado en el cuerpo es la danza. ¿Qué haríamos en un mundo sin música?. En un día que entre otros cientos de cosas compartimos música. O canciones, el formato de intercambio de la música.

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Graduada de la vida

Hace tiempo escribí este texto. Y ahora , época en que todos conocemos a alguien que está acabando la carrera, que tiene su graduación, la mía misma la semana que viene… me ha venido a la memoria este texto, y creo que para esta época es adecuado 🙂 .

(Graduada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. No hace falta decir todo lo que esto supone para mí. Haber acabado lo que un día fue para mí un sueño. He aprendido muchísimo, he descubierto ámbitos y perspectivas que jamás pensé que habría. Sé que puedo ayudar en la gente y hacer por su salud mucho más de lo que se puede suponer. Que puedo hacer que la gente se sienta mejor, que confíe más en sí mismo, tratar sus patologías, y sobre todo prevenirlas, hacer que la gente sea proactiva en el cuidado de sí mismo y su salud sin esperar a que otro le solucione, en esta sociedad del tratamiento. Además, el máster de nutrición trata de complementar esa visión, y poder investigar y entrenar o fomentar a que a gente hace actividad física para que esté más sana, se sienta mejor, sea más feliz). 
Pero esto no es de lo que realmente quería hablar, porque quiero aprender otras lecciones, ser graduada de la vida.

Quiero graduarme de la vida. Quiero cursar la asignatura de vivir, y no me conformo con asistir a clase, quiero participar, involucrarme.

Educarme entre tus besos, tus abrazos, aunque a veces intangibles, tú mi primera maestra, mi primera palabra. Aprender qué es ser una familia, qué es ser uno mismo, a afrontar los suspensos en la vida, y a disfrutar de las buenas notas. Y sobre todo a luchar por ellas, estar satisfecha de haberlo hecho lo mejor posible, independientemente de la nota.

Pasar el examen de cada herida y quedarme con la lección de cada día, pues todos los días se va uno a la cama con algo nuevo aprendido, a la cama no te irás sin aprender algo más. No olvidarme de hacer las tareas, aprender a multiplicar mis sonrisas y dividir mis miedos, despejar la X que somos en esta ecuación de la vida. Fraccionar los problemas, hacer exponencial mis virtudes. Conjugar el verbo ser y no el tener. Escribir nuestra historia como una de las mejores historias de la literatura. Entender la vida a bersos, comerme menos la cabeza y más el mundo. Aprender el idioma de las relaciones.

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Somos palabra

La palabra, medio transmisor de significado, símbolo de abstracciones o medios físicos, es lo que al final estructura cómo pensamos, sentimos o somos. Pensamos en palabras, y pensamos todo el día. Somos palabra. Somos lenguaje. Si pienso, luego existo; entonces somos palabra. Sigue leyendo

Decisiones

Si hay algo que estoy empezando a comprender a mis veintidós años biológicos, que no experimentales, es que la vida, tu vida, te la tienes que construir tú mismo.

De acuerdo que estás marcado por el ambiente en el que vives, la sociedad que te rodea o el seno de la familia en que creciste. Pero bien, la vida, tu vida es tuya. Nadie más va a vivirla por ti. Marca las reglas de tu propia vida, decide quién quieres ser, qué vas a hacer con tu vida, de quién vas a rodearte y cómo vas a ser feliz.

Vuela por tus sueños. Lucha cada mañana por la gente que te hace mejor persona, si es que has decidido que quieres serlo. Yo no sé si decidí serlo, propiamente dicho. Pero quiero ser así, mi moral me lleva a ello. No sé ser de otra forma, aunque a veces me equivoque. Provoca sonrisas, regala sorpresas, emociona y emociónate, estate presente. Al fin y al cabo: vive como mejor creas que debe vivirse esta extraña experiencia. Única y compartida a la vez. Efímera e infinitita. Sóla y a tu lado. Ser y estar. Buscando y encontrando aunque no sea lo que esperas, avanzando aun perdiéndote, riendo aun sufriendo, viviendo aun muriendo. Pero vive.

Tú decides. Esa es la clave. Sigue leyendo