Mariposas en el estómago

No sé quién lo describió como

mariposas en el estómago,

pero se quedó corto.

Si de tripas hago corazón

un vuelco a éste como poco.

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Gracias 2018

Gracias a este 2018,

soy un año más vivido.

Una vuelta más al sol.

35 millones de latidos.

365 días, 8760 horas, 3156000 segundos existidos.

 

Soy un poco más ciudadana del mundo.

Soy un poco todas las personas que he conocido. Y que ahora son casa.

Los momentos compartidos.

Cada instante a tu lado.

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Fotomatones

Lo que no habrán visto los fotomatones. Esa fue su exclamación mientras veíamos la película de “La decisión de Anne”. Muy dura por cierto, aunque perfecta por sus cientos de posicionamientos morales, más que acertados en un tema que me llegó al alma. Más en estas fechas.

Cuántas cosas habrán visto los duendecillos que se encargan de pintar esas diminutas fotos que salen por la bandeja exterior de la cabina.

Cuántas sonrisas, morritos, ceños fruncidos, carcajadas, ojos en blanco, lenguas fugitivas de su boca, giños habrán disfrutado o sufrido. Rostros maquillados, demacrados, radiantes. Cuántas lágrimas contenidas para que quede en imagen un momento feliz, tu buena cara y no lo que el alma calla . O cuántas lágrimas desembalsadas por la presa de las pestañas. Cuantas vissages más o menos fotogenéticas, que no fotogénicas, que por naturaleza buscan retratarse, precisando cada flash para hacer la fotosíntesis  que aporte la energía vital para su alma. Cuantas caricias, besos robados, perdidos, apasionados se habrán vivido tras esas ajadas cortinas.

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Me dueles

Me dueles como cada nota de esa canción que escucho y me recuerda a momentos alegres contigo en los que sonaban. Momentos caducados con una banda sonora que aún perdura.

Me dueles como lo hacen los abrazos rotos, los silencios sordos de esta soledad.

Me dueles como las sonrisas de mentira que se muestran porque piensen que no estas mal.

Como las lágrimas que escondes y sólo muestras a la luna cada noche en las sombras de la penumbra de tu habitación.

Como lo hacen los sueños que naufragan sin llegar a playas que no tienen mar.

Como pájaros sin alas que ya no vuelan porque se conforman con la jaula de su libertad enmascarada de que pueden elegir cómo morirán.

Me dueles como las costuras de un tiempo que ya no volverá.

Como las versiones que fueron mejores pero que agotadas ya no venden más.

Como las miradas apagadas en las que la luz ya no brilla ya.

Me dueles como un pasado enterrado al que sólo puedo llevar flores.

Como lo que es pero no era y que ya nunca será igual.

Almas perdidas

Si dos almas perdidas se encuentran ¿dejan de estar perdidas?

Estaban perdidos en el mundo, sin entender tanto sueño barato, tanta relación de usar y tirar, de palabras tangentes de vidas que van a toda velocidad. De compromisos caducados y confianzas fuera de garantía, de espejos donde sólo se reflejan complejos y máscaras de sonrisas prefabricadas.
Perdidos en la vorágine del todo o nada, del aquí y ahora, de hoy por ti y mañana ni me acuerdo. Perdidos en su interior como tortugas de una realidad que les asfixia, sabiendo que tienen mucho que mostrar pero sin saber cómo hacerlo, ni siquiera si a alguien le importa. Porque saben que son únicos pero perdidos porque nadie ve allí donde hay un tesoro interior.

Perdidos sin saber qué buscaban. Perdidos sabiendo que quizás hubiera alguien que se sintiera tan sinsentido. Perdidos… que cuando se encontraron, lo encontraron todo.

El Síndrome de Dorian Gray

Siempre he tenido miedo a morir. Aunque quizás ahora ya no tanto. Y eso que puede ser pasar de ser a que no haya nada. Pero debo centrarme en el ahora. ¿Por qué agobiarme por un futuro incierto?

Sin embargo, sí que me gustaría seguir viviendo siempre. Aunque fuese en el recuerdo y esquivar al olvido. Un recuerdo, que por cierto, siempre he considerado esquivo, pues al final moriremos todos, y ya no habrá nadie para acordarse del recordado ya olvidado. Todos al final, sino hay otra oportunidad, nos quedaremos en polvo de estrellas.

Nunca he creído justo que haya un final definitivo. Ya está, se acabó. Y ya. No, no me apetece que esto sea así. Con toda la luz que hay en nosotros, en nuestra alma. Con todos esos pensamientos, la idea de identidad, de presencia. Me niego a aceptar que luego no haya nada, aunque ya hay veces que me resigne a ello.

Quiero vivir siempre Sigue leyendo